Tres Calaveras
David Arteagoitia

Desde sus orígenes el ser humano se ha acercado a través del arte a todo aquello que le rodea llegando a lo más profundo que hay en él. Se ha cuestionado la naturaleza de las cosas y su propia esencia representando mediante todo tipo de manifestaciones su mundo conocido e imaginario. Está en la naturaleza del creador, el ir más allá de la apariencia de las cosas y atreverse a imaginar aquello que ocurre en el mundo de lo irreal, teniendo en cuenta que el origen de toda obra se encuentra precisamente en lo inexistente, es decir en lo que el artista imagina y representa.

Resulta curioso observar como en las naturalezas muertas donde los elementos y objetos cotidianos se han considerado de interés para representar el mundo circundante, el artista ordena sus composiciones tratando de sobrepasar las apariencias. Las naturalezas muertas, aparte de servir como documentos gráficos de la cultura nos ofrecen testimonios de lo ocurrido en la mentalidad y la autoconciencia del hombre poniendo de manifiesto sus miedos e inquietudes.

Podríamos decir que precisamente por congelar en el tiempo de la representación los objetos cotidianos todas las naturalezas muertas aluden al carácter transitorio de la vida. Es este el aspecto fundamental del género de las vanitas, cuyo fin es reflexionar sobre los aspectos relacionados con el inexorable paso del tiempo, la levedad del ser o la caducidad de placeres y bienes terrenales. En estas composiciones la calavera aparece como un elemento recurrente. De una forma u otra la imagen del cráneo nos muestra nuestra propia esencia y nos obliga a aceptar la muerte como un elemento necesario que dota de sentido a la vida.

Generalmente a la calavera de las vanitas la acompañan un número variable de elementos de gran poder simbólico, son habituales los relojes de arena (alusión al paso del tiempo), los espejos (soberbia, necesidad de conocimiento propio), las máscaras (fraude, olvido), las monedas (poder y posesión material), los instrumentos musicales (indulgencia sensual), las coronas de laurel y flores añejas (destrucción de la vida y la materia) o libros (intelectualidad, inutilidad del conocimiento). Las vanitas se construyen al modo de un puzzle de significados en el cual la aparición de la calavera transforma el sentido de la composición. Al incluir en la composición una calavera o unos huesos los otros elementos ven alterado sus sentidos magnificando así su carácter dramático. Lo bello se transforma en un ente en descomposición, las flores se marchitan, la carnosa manzana se convierte en la fruta podrida.

 

La calavera como excusa

Resultan innumerables los autores que a lo largo de la historia del arte han elegido la calavera como motivo de interés central en sus trabajos. En el campo del grabado encontramos notables ejemplos en autores de la talla de Alberto Durero, Francisco Goya o José Guadalupe Posada.

En la xilografía de Durero "El Caballero, la Muerte y el Diablo", que junto a "San Jerónimo en su estudio" y "La Melancolía I" es una de las Meisterstiche (trilogía de buriles aproximadamente del mismo formato 24, 6 x 19 cm, realizados entre 1513 y 1514), aparecen varios de los elementos de las vanitas en una composición cargada de símbolos en la cual destacan, además de los tres personajes centrales que dan título a la estampa, el castillo, el reloj de arena (presente en toda la trilogía), el perro y la calavera situada sobre el tocón. La calavera en Durero se convierte en un signo de lo perecedero que adquiere trascendencia espiritual, un memento mori recurrente a través de su obra. Estas tres obras sin pretender conformar una serie componen una unidad espiritual por el hecho de simbolizar tres modos de vida que corresponden, como señaló Friedrich Lippmann, a la clasificación escolástica de las virtudes en morales, teologales e intelectuales 1. El espíritu y la fe le sirven de base para la consecución de este buril.

Al margen de la corriente interpretativa según la cual los tres personajes centrales de la estampa forman una tríada infernal en la que el caballero es portador de armas y destrucción, cual jinete del Apocalipsis cómplice a la vez que víctima de la Muerte entendemos al caballero cristiano como el prototipo de hombre pre-reformista descrito en el texto de Erasmo de Rótterdam "Manual del Soldado Cristiano" (1504). Este soldado de Cristo al que Durero asciende a caballero se sabe vencedor capaz de ignorar a la Muerte y dejar atrás al Diablo en su recto caminar hacia la fortaleza de la Virtud. Desconocemos la identidad del caballero, apenas vemos sus ojos bajo la visera móvil del yelmo, no sabemos de sus virtudes y fallos, pero reconocemos en él al hombre universal recorriendo un camino repleto de señales.

También en un contexto religioso (esta vez de crítica) se nos presenta la calavera de "Ensayos" el Capricho 60. Aparece como instrumento de oficio de un fallido ritual de vuelo brujeril acompañado de animales y en presencia del macho cabrío que presencia la iniciación de un novicio. Los Caprichos de Goya se presentaron en 1799 como una colección de estampas donde el autor se propuso la censura de los errores y vicios humanos. Las estampas de brujas y duendes se nos muestran como escenas de farsa donde se mezclan personajes reales con seres monstruosos. En el S.XVIII "duende" significa con frecuencia "fraile" 2 lo que explicaría que los duendes de Goya vistan hábitos religiosos (ver Duendecitos, Capricho 49), de hecho lo que contemplamos en "Ensayos" no es sino un Aquelarre, una misa negra constituida en parodia de la católica. Podemos realizar una inversión mimética de los elementos presentes en la representación y observaremos que lo que ocurre en el mundo de la noche no es sino el reflejo de la realidad diaria.

Recordemos que durante este siglo la inquisición en España ajustició a centenares de brujos y brujas que eran vistos como subversivos a ojos de la iglesia. Lo que se pretende es poner en ridículo dichos procesos basados en patrañas y creencias absurdas, así como a la autoridad que promovía tales procesos. La calavera deja de ser un instrumento del ritual para convertirse un recordatorio del nocivo efecto, sufrimiento y dolor que estos procesos religiosos causaron en la carne y mentalidad del pueblo.

En un sentido de crítica a las vanidades de los sectores sociales opresores y corruptos de la época se nos presenta la obra de José Guadalupe Posada, el más prolífico grabador mexicano que hizo de la calavera todo un género creativo de finales del S.XIX. Aunque la tradición de las calaveras se arraigó en México a través de las celebraciones del día de difuntos lo cierto es que en la psique mexicana la muerte, más allá de un concepto, constituye una expresión de su identidad y cultura precolombina 3. Este sentir la muerte no como algo trágico, sino como final a una vida llena de angustias (los abusos políticos, los desastres naturales, el cambio de siglo, las creencias religiosas) en el que todo se iguala es notable en los grabados de Posada. Como en "Los buenos valedores", donde la muerte que murió y se volvió calavera pelea, se emborracha, llora y baila. En tono de jocosa ironía se sirve Posada de esta muerte democratizadora para hacer un crítico análisis de la vida social de México, reflexionar sobre las relaciones poder/ciudadano y denunciar las injusticias cometidas por los regímenes que gobiernan su país.

A diferencia del enfoque de Durero, Posada no pretende hablar de la muerte en sentido religioso, sino que se sirve de ella para plantear una reflexión sobre la vida como un largo camino hacia ninguna parte, una eterna Danza Macabra como la xilografía de "Los buenos valedores" repleta de defectos, flaquezas y vicios.

 

Tres y una calaveras. Proyecto de experimentación gráfica

La muerte forma parte del camino de la vida y desde nuestra tradición occidental hemos recibido numerosas representaciones de aspecto antropomórfico, siendo la calavera una de las más recurrentes. Hemos visto como tres artistas en distintos contextos históricos y culturales hacen uso de un mismo símbolo con fines muy concretos. La calavera viaja de una estampa a otra aportando nuevos significados a la composición. Para este proyecto de se han elegido las obras de Durero "El Caballero, la Muerte y el Diablo", de Goya "Ensayos" (Capricho nº 60) y de José Guadalupe Posada "Los buenos valedores", un buril, un aguafuerte y una xilografía respectivamente en las que los autores ofrecen distintas visiones del binomio vida/muerte.

Estos autores entendieron el grabado como algo más allá de una mera técnica reproductiva, aceptándolo como un medio expresivo con una serie de características particulares que lo distancian de la pintura o el dibujo en cuanto a su concepción, maneras de hacer y planteamientos teóricos y prácticos derivados del mismo medio en que se desarrollan. Conceptos como matriz, original múltiple o edición y seriación, la inversión de la imagen etc. son en origen propios de este medio.

"Tres y una calaveras" es un proyecto de experimentación gráfica que pretende explorar las relaciones plásticas que se generan al conjugar figuración y abstracción, planteando así un encuentro entre lo ordenado y lo azaroso, lo racional y lo emocional mediante la combinación de distintos sistemas de estampación tradicionales con las nuevas tecnologías de impresión. El tipo de investigación-experimentación en el campo de la obra gráfica que se desarrolla en este proyecto supone aceptar los planteamientos conceptuales en los que se basa el grabado, replanteándoselos desde la misma práctica artística y evidenciándolos en la obra. Es decir, convertir el trabajo final en un testigo del propio proceso investigador, una obra que hable del modo en el que ha sido creada.

Propongo una confrontación sobre un mismo plano de representación de imágenes ajenas descontextualizadas (extractos de los grabados de Durero, Goya y Posada) y ciertos referentes a la pintura española de los años 60 con trazos que recuerdan al expresionismo abstracto. Las imágenes de las que se parte han sido escaneadas y trabajadas mediante programas informáticos, alterando su escala, invirtiendo los valores de blanco y negro, reflejándolas en el espejo o simplemente eliminado todo aquello que no nos interesaba. La calavera que aparecía oculta en las sombras del margen inferior izquierdo del grabado de Durero adquiere un papel central en la nueva imagen al invertirla y cambiar su tamaño.

Para potenciar esa idea de puzzle de imágenes los fragmentos de los grabados de Durero, Goya y Posada se han introducido mediante el collage digital en la composición de manera que (al igual que ocurría con la fruta enfrentada a los huesos humanos) cambia su interpretación al ser yuxtapuestos a otras imágenes. Ahora junto con otros elementos pertenecientes a la práctica artística personal se vuelve a introducir en una nueva estampa.

Como si se tratase de celdas o piezas de un puzzle con infinitas posibilidades combinatorias se enfrentan estos fragmentos aislados a un lenguaje propio de carácter expresivo y emocional donde el gesto pictórico tiene un papel protagonista. El proyecto se concreta en la realización de varias series de trabajos sobre papel donde se establece una relación entre lo gestual-abstracto y los planos figurativos simultáneos, acercándome a través de la austeridad en el color, la combinación de medios tecnológicos y herramientas tradicionales a una nueva imagen.

Busco entablar un diálogo entre ambos lenguajes, observar que es lo que ocurre cuando imágenes de distinto origen se encuentran sobre la superficie del papel. Este proyecto constituye una nueva etapa de trabajo donde los planeamientos de corte pictórico-gestual se trasladan a la gráfica, apoyado en la posibilidad combinatoria de las técnicas de grabado con las nuevas tecnologías (plotter, imagen digital). Me interesa lo que ocurre con una imagen al cambiarla de medio; un brochazo de tinta escaneado y trabajado con un programa digital se convierte al imprimirlo mediante un plotter o una serigrafía en una imagen que difiere claramente del original pero que guarda ecos de aquella. Es precisamente en estas alteraciones de la imagen donde encuentro el terreno de trabajo sugerente que se pretende desarrollar en este proyecto. Dicho desplazamiento aporta a la imagen final un carácter híbrido surgido de este proceso que posibilita un encuentro interdisciplinar de ambos lenguajes. Poco a poco la obra va construyéndose en distintos niveles en función del orden en el que se llevan a cabo las impresiones, por lo que la obra final se ha convertido en un nuevo trabajo que funciona de forma autónoma y evidencia el mismo proceso creativo.